El Carrusel: árbol es, en mueble se convertirá.

 

                                                      

Por Hernán Rodríguez Girón

CUENCA, Ecuador (21/05/89).- La fábrica de muebles finos El Carrusel Cía. Ltda. fue fundada en septiembre de 1982 por tres socios: Pablo Crespo, gerente de Cerámica Yapacunchi, Alejandro Crespo, gerente de Cerámica Monte Turi y Joseph Alba, que es gerente de la planta mueblera. En un plazo breve, el éxito sostenido de la producción ha permitido a la empresa crecer a un ritmo superior al de sus ventas.

“Con mi soledad te espero en el bosque/qué vengas a mí toda ternura/como viene la brisa a los ramajes/que crezcas a mi lado/y te aferres a mí como una orquídea”, la alegoría sobre el amor, presente en este fragmento del poema “En el bosque” del venezolano Vicente Gerbasi, es la perfecta metáfora que sirve como introducción a la historia de El Carrusel, organización integrada por personas que sienten una enorme pasión por construir muebles usando materia prima vegetal extraída de un medio ambiente que es más propicio para el romance, la floresta.

“Esta fábrica comenzó siendo un taller pequeño. La fundamos varias personas, con la idea de fabricar la silla director, plegable, utilizada por los directores de cine. La fabricábamos en un torno copiador automático. Nos fue muy bien los primeros 3 o 4 meses y gracias a la aceptación que tuvo en el mercado, los recursos obtenidos los reinvertimos en maquinaria para producir accesorios caseros, como maceras y repisas”, recuerda el gerente Joseph Alba.

Para la fabricación de los elegantes muebles El Carrusel, se emplean aproximadamente tres mil tablones mensuales de roble o samán, cuidadosamente seleccionados de las provincias de Esmeraldas y Los Ríos. El proceso de producción en serie se optimiza con tornos automáticos de alta precisión, mientras que sierras eléctricas, lijas y sopletes garantizan un acabado impecable. Además, se utilizan lacas de calidad superior y esponjas especializadas para realzar la textura y el brillo de cada pieza, asegurando durabilidad y belleza en cada creación. La anterior enumeración indica que todo el proceso productivo está automatizado, contando con las mejores técnicas disponibles en el mercado o las que se pueden comprar e importar desde el exterior.

La silla en la que usted está sentado leyendo este reportaje alguna vez fue un ser vivo, quizás un majestuoso roble, un resistente laurel, un noble guayacán o un imponente samán. Si lleva la marca El Carrusel, su fabricación sigue un proceso meticuloso, tal como lo describe Joseph Alba: “cada pieza comienza con la selección de la mejor madera, procedente de fuentes sostenibles, para luego pasar por un tratamiento especializado que garantiza su durabilidad y belleza. Luego se prepara la materia prima seleccionada para que avance por las máquinas que le dan forma y estructura, hasta obtener molduras, recortes, perfilados, partes y piezas. El siguiente paso es recortar y tornear las partes que se necesitan para un mueble específico, adaptándolas a medidas normalizadas, se las lija para amar el mueble y proceder al acabado”.

Con la precisión de tornos automáticos, el corte fino de sierras eléctricas y el acabado perfecto logrado con lijas, sopletes y lacas de alta calidad, cada producto es una obra de arte que fusiona tradición y tecnología, brindando elegancia y comodidad en cada detalle. Los sillones están cuidadosamente forrados con esponja de alta calidad, brindando comodidad y durabilidad excepcionales. Las vitrinas, elegantemente lacadas, cuentan con vidrios resistentes que garantizan seguridad y estética. Cada pieza, ya sea una mesa, una cama o una silla, presenta acabados impecables, reflejo de un meticuloso proceso de fabricación. Todos estos muebles están disponibles en el almacén ubicado en Presidente Borrero 7-46, donde la excelencia en diseño y materiales se traduce en piezas que realzan cualquier espacio.

Luego de 7 años de crecimiento imparable, a El Carrusel ya le quedan estrechos los 3.000 m2 de su planta industrial ubicada en la calle Rafael María Arízaga 12-58, donde trabajan 5 personas en administración y 58 en producción; todos reciben un salario superior al establecido para los empleados de la pequeña industria, “nosotros nos acogemos a las decisiones de la Comisión Sectorial del Gobierno Nacional que fija cada año los sueldos en Quito, estos son más altos que los de la pequeña industria y con esto quiero decir que nuestro personal está amparado por los beneficios y las ventajas que brinda la Ley”.

La protección de los obreros es fundamental, para el desarrollo de las actividades con seguridad, en empresas del sector maderero, por eso se capacita y se hace lo imposible para hagan conciencia y se acostumbren a usar cascos, mascarillas y guantes; “sienten que estos implementos les estorban, pero hemos tomado la decisión de multar a las personas que no los usan; por eso se tienen muy pocos accidentes, por ejemplo, en los últimos 5 años apenas un dedo lastimado, sin mayores consecuencias”. Para el criterio de Joseph Alba esta es una marca de seguridad aceptable.

La implementación un sinnúmero de garantías para los trabajadores, los estimula ha hacer bien su labor, como préstamos de dinero sin intereses y pagan como pueden, mediante una pequeña cuota de acuerdo a sus ingresos. Otro estímulo es la estabilidad laboral y si alguien baja su rendimiento o falta, se tiene la sensibilidad para entender las razones, que pueden ser de orden personal y en la medida de lo posible se les ayuda a resolver sus problemas. Los gastos por consumos en el comedor de la fábrica son subsidiados en un 60% y durante 3 años se cobró el precio de 50 sucres por un almuerzo, con entrada, sopa y plato fuerte y recién se lo elevó a 100 sucres. Por todo esto, el gerente no considera que sea necesario un sindicato porque “jamás hemos tenido problemas con los empleados, ni demandas. Es por eso que no necesitamos una organización laboral; hay la suficiente apertura entre patronos y obreros para establecer un diálogo y como gerente siempre estoy dispuesto a incrementar los incentivos a los trabajadores”.

El escaso espacio físico de la actual planta de producción muy pronto será solucionado, puesto que, en el mes de octubre de 1989, El Carrusel se cambiará a su nueva nave en el Parque Industrial y la proyección es alcanzar un crecimiento moderado pero continuo, para poder cumplir los objetivos y velar por los intereses de esta industria. Un aspecto a tomar en cuenta es que la empresa vende más al por mayor fuera de Cuenca, gracias a su red de distribuidores en las 6 ciudades más importantes del País: Quito, Guayaquil, Loja, Machala, Manta y Riobamba. Sin embargo, el 60% de la producción de El Carrusel se la comercializa en la capital azuaya.

El fenómeno de la falta de liquidez o de dinero fresco afecta a la empresa, debido a que constantemente debe recurrir a préstamos para poder seguir creciendo; si se los solicita a bancos el interés puede llegar hasta el 48%, lo que obliga también a recurrir a terceros, “eso nos resta capital para poder seguir funcionado. Últimamente los créditos para la compra de materia prima han sido suspendidos, por eso no podemos vender nuestros muebles a plazos, solo al contado, porque así obtenemos beneficios más rápido y solucionamos nuestra necesidad de dinero, evitando la dependencia de los préstamos con intereses altos”.

Un aspecto del que está orgulloso Joseph Alba es que toda la producción está vendida para los próximos meses, debido a la aceptación de El Carrusel en el mercado y el secreto del éxito es la calidad a buen precio antes que la cantidad, por eso “buscamos siempre un mercado medio-alto. En épocas difíciles, lo mejor es apuntar a una clase que tiene recursos para la compra de muebles, porque nuestro producto es caro, pero de excelente calidad”.

La fábrica produce sobre pedido, debido a que actual espacio físico y las políticas establecidas por la dirección no permiten desarrollar un gran inventario, “siempre estamos vendiendo”. El catálogo de El Carrusel tiene en lista todo tipo de muebles y utilitarios, confortables y clásicos, como dormitorios, salas, comedores y oficinas, estas últimas de reciente elaboración, “nuestros juegos de muebles para oficinas son una novedad, con grandes resultados, como por ejemplo amoblamos las oficinas del Banco Continental en Cuenca y Guayaquil, de la Superintendencia de Bancos y actualmente estamos participando en una licitación para acondicionar una agencia bancaria en Quito”.

Todos los diseños de los muebles de esta empresa cuencana se basan en catálogos de productos similares de Europa o Norteamérica. En comedores producen la línea Chipendale inglesa, diseño con 200 años de antigüedad y la línea oriental en laca china negra. La línea de sala se caracteriza por modelos tapizados en tela de colores combinados. Los dormitorios son clásicos, ingleses o norteamericanos. Para oficinas oferta el modelo Chesterfield.

El proceso productivo de un mueble esta integrado por una cadena de procesos en la que participan industrias y comercios complementarios, para el caso de El Carrusel por lo menos 100 empresas nacionales y unas cuantas materias primas importadas, desde una simple tachuela hasta la más fina madera como el roble. Esta dependencia afecta a la empresa ya que los precios de estos materiales, que es necesario utilizarlos, suben de día en día, haciendo imposible cualquier previsión o proyección de costos; “todos los precios de los insumos que necesitamos se han disparado, como selladores, lacas, disolventes, hasta un 180%. La madera ha subido de precio en un 60%. Si suben el costo de los fletes o del transporte, todo va a subir de nuevo. Es una cadena que no se pude detener y lo tritura todo”.

Sin embargo, Joseph Alba quiere que su empresa siga creciendo y produciendo; por ello invita a que cada persona que compre uno de sus muebles, lo disfrute, como si se hallara en la tranquilidad de un bosque que espera la madrugada, como en el poema de Vicente Gerbasi. Son muebles que encierran el delicado espíritu de uno de los más nobles seres vivos al servicio de la humanidad; parafraseando a La Biblia: árbol es, en mueble se convertirá.

El Mercurio, domingo 21 de mayo de 1989, Mundo Empresarial, 11A.

 

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