Areldi Jeans es sinónimo de ARte, ELegancia y DIstinción.
Hernán Rodríguez Girón.
CUENCA, Ecuador (15/10/89).- La fábrica de pantalones vaqueros, tejanos, bluyines o de trabajo, Areldi Jeans, es una iniciativa empresarial de Julio Pachado y su familia, que empezó a funcionar en el mes de octubre de 1982. El acrónimo de la marca, Areldi, evoca una palabra de origen italiano; sin embargo, es un neologismo inventado por Pachado, que diseña toda la publicidad de sus productos.
“Areldi no es un nombre extranjero, como se podría pensar. Tampoco es copiado. Es simplemente la contracción de tres palabras: arte-AR, elegancia-EL y distinción-DI. Es decir, es una marca creada por mí, una ocurrencia. Toda la publicidad impresa y los jingles para radio son mis ideas. Tenemos una voz exclusiva para nuestros comerciales radiales, que son grabados en Cuenca. Para salir adelante, planifiqué todo, desde un inicio”.
Porque así es la vida de Julio, un “self made man”, que empezó a trabajar desde los 13 años como sastre, en una pequeña máquina de coser comprada por su padre; hacía obra fina. Después pasó a trabajar para Humberto Vázquez, que le inició en la confección de los pantalones jean, porque se vendían más y se fue perfeccionando en la hechura de estas populares prendas; “luego trabajé para la marca Katmandú y me volví experto en la elaboración de este tipo de ropa, logrando que la fábrica se haga famosa, pero no era mía y pagaban mal. Eso me motivó a desear una empresa propia, renuncié y me dediqué a producir de manera independiente”.
Fueron años de esfuerzo y de sufrimiento, comenzar de cero, porque el color rosa no siempre se presenta. “Hace 11 años, como no sabía nada de administración o de negocios, me fue mal. Los 4 empleados que tenía me demandaron, quedé en nada. Con mucho sufrimiento, empecé de nuevo. Estoy satisfecho de haberlo logrado otra vez. El apoyo de mi esposa en esos años de crisis fue decisivo, le agradezco mucho. También al momento de crear Areldi”. Con ella y otros 6 empleados arrancaron la empresa en 1982.
Octubre es el mes de Areldi, de su cumpleaños, porque hace exactamente 7 años, empezó a comercializarse esta elegante forma de vestir con sencilles, que según un concepto de la alta costura de París sería un “Pret a porter” cuencano o ropa “lista para vestir”. Porque esta empresa democratiza la moda, permitiendo que más personas puedan acceder a diseños modernos sin tener que pagar más. Para noviembre de 1986 se abría el primer almacén de distribución directa.
“Mi primera dificultad fue obtener el capital para la compra de materia prima, en esos tiempos difícil de conseguir en el Ecuador. Pensé en un crédito bancario, pero al calcular el pago de intereses no estaba seguro de crecer y estaba incursionando en un mercado que no conocía, por lo que me empeñé en informarme y avanzar poco a poco. Cada año, la inversión para comprar tela jean es fuerte y en el presente no se diga. Por fortuna, dirigí bien la empresa y salí delante de situaciones que otras pequeñas empresas no hubieran sobrevivido”, rememora Julio Pachado.
El proceso para la confección de ropa con tela jean es casi igual a la elaboración de prendas de vestir con cualquier tipo de tela. La diferencia radica en el lavado de la prenda y el control de calidad. Porque la moda impone el lavado, que produce un efecto diferente, como si el jean estuviera descolorido, como si fuera ropa vieja, usada y a los clientes les gusta. Por su parte, control de calidad vigila que los jeans salgan sin defectos, porque las telas llegan con muchas fallas, picadas o torcidas; también se supervisa que no existan costuras mal hechas.
“Nuestro objetivo es conseguir un producto de buena calidad, que vaya directo a la venta. Todo artículo rechazado por control de calidad se vende en la fábrica al por mayor y nuestros principales clientes de este material defectuoso son de Guayaquil y Machala”.
Una recomendación para las empresas que incursionan en esta manufactura, es que saquen al mercado un producto a bajo precio, pero con igual o mejor calidad que un jean extranjero. Solo así se puede competir y frenar las importaciones ilegales o el contrabando; “la base es un buen trabajo, sacar al mercado un producto que valga la pena y se obtienen mayores beneficios, para no tener que estar apremiados y compitiendo contra lo que viene del extranjero”.
Los consumidores en un principio estaban convencidos que la marca Areldi Jeans era colombiana y por estrategia de mercado no se dio a conocer que era de procedencia local; “presenté mis productos como extranjeros, de Colombia precisamente y el nombre acentuaba esta creencia. La aceptación de los consumidores fue inmediata”; Pachado reflexiona que este fenómeno se debe a la falta de fe, de autoconfianza de los propios ecuatorianos, que no pueden creer que algo hecho en el país puede tener excelente calidad.
La política de precios bajos se mantiene con el paso de los años, con objetivo doble, no golpear al bolsillo del consumidor y competir en mejores condiciones contra otras marcas bien posicionadas y a este respecto Julio Pachado afirma que ya rivalizan en ventas con poderosos nombres comerciales como Lagarto, Imán y Baboo. Hace la siguiente comparación: “un pantalón Lagarto está entre los 12 y 13 mil sucres, nosotros en el mismo estilo y talla, estamos en 9 mil. Eso que para el mes de diciembre la tela jean alcanzará el precio de 9.800 sucres, pero es así como hemos conseguido el cariño de la gente. Un pantalón extranjero está sobre los 18.000 sucres y con ese dinero cualquiera puede comprarse dos Areldi”.
No solo jeans fabrica Areldi, también tiene las siguientes líneas de productos: camisas, blusas y casacas. Cuando el material de tela de algodón es procesado de manera adecuada, se consiguen hermosos diseños en camisas.
La mejor estrategia de venta es mediante una red de almacenes propios, porque la venta al por mayor a distribuidores es perjudicial para la economía de la fábrica, se obtiene un margen de utilidades muy bajo. Abrir la cadena de locales fue difícil, se necesitó mucho dinero que no estaba presupuestado. Consiguió una línea de crédito de 3 millones de sucres del Banco de Fomento del Ecuador, deuda que ya está saldada. Con la distribución directa las ventas se reinvierten en la misma empresa, que se capitaliza y se pueden planificar ampliaciones.
“Todo nuevo diseño de ropa es impuesto por la moda extranjera; nosotros adaptamos esos modelos a los tamaños locales, mediante un estudio realizado por el Centro Nacional de Promoción de la Pequeña Industria y Artesanía (CENAPIA), conforme con los requerimientos anatómicos locales”. En el Ecuador hay tallas distintas a las normas europeas o norteamericanas. Sean las personas más altas o bajas, gordas o delgadas, de acuerdo con esas referencias, de personas reales de la ciudad y el país, se hacen los Jeans Areldi.
Distribuidores exclusivos de Areldi se han inaugurado en Riobamba, La Libertad, Loja, Machala y en Cuenca dos locales. Además, varios salones nacionales de exposición industriales y comerciales han contado con la presencia de este producto cuencano: Expotex, ferias del ahorro, Expo Navidad en el Centro de Exposiciones Quito, , el Salón de Textiles y Cuero en el Centro de Exposiciones de Cuenca y en la Feria Mundial del Banano de Machala, con una participación muy activa, mediante stands bien diseñados en los que se exhibe el producto terminado.
La fuerza laboral de esta fábrica esta compuesta casi exclusivamente por mujeres, capacitadas en corte y confección, que han adquirido conocimientos mediante cursos y talleres, o aprendiendo en otras empresas. El trabajo está organizado por especialidades y ninguna trabajadora hace el proceso completo, es decir iniciar y terminar la prenda. Unas se especializan en bolsillos, otras solo pegan cierres, otro grupo solo pega botones y en otra sección se elaboran solo camisas. La producción está organizada en serie. La fábrica, ubicada en la calle Mariscal Lamar 8-44, da trabajo a 35 personas: “una vez a la semana yo converso con mis trabajadoras, estoy siempre pendiente de que no les falte nada. Se pagan los sueldos de Ley, los aportes al Seguro Social, vacaciones, transporte y ropa de trabajo. Somos como una familia”.
Muchas propuestas a recibido Pachado, para exportar lo que su fábrica produce. Pero el empresario quiere ir paso a paso, lo primero es una consolidación en el mercado nacional. Considera que no debe dejarse deslumbrar; la empresa no tiene para cubrir la demanda interna, peor va mandar prendas al extranjero.
“Todo el capital que se obtiene con la venta de los productos lo reinvertimos en la empresa. Yo vivo de la misma manera que mi esposa, con un mensual. Todas las utilidades las reinvertimos. De todos los egresos se lleva una rigurosa contabilidad”. Por el desarrollo alcanzado los ejecutivos de Areldi planifican una ampliación; para alcanzar el objetivo ya está comprado un terreno en el Parque Industrial de Cuenca (PIC), para la construcción de la nave industrial, sobre una superficie de 1.500 m2, en los próximos 3 años. Otro objetivo es abrir más locales de distribución y venta propios.
Esta es la imagen de una pequeña industria a manera de un caleidoscopio, que también retrata a un empresario, a un esforzado y especial hombre de negocios, que inició como aprendiz y ahora es maestro. De origen humilde, conserva su sencillez y genera grandes ideas, confiando en el futuro de Areldi Jeans, porque sabe de lo que es capaz.
La palabra jean proviene del inglés y se refiere a un tipo de pantalón confeccionado con tela vaquera o de mezclilla, conocida por su resistencia y durabilidad. El término tiene raíces más profundas: deriva de la palabra francesa jean, que a su vez hacía referencia a un tejido de algodón grueso producido en Génova, Italia. De hecho, “jeans” era una forma de decir “de Génova” en inglés antiguo. El característico color azul se debe al tinte índigo, importado de la India.
Todo comenzó en el siglo XIX, cuando Levi Strauss, un inmigrante alemán, se estableció en San Francisco durante la fiebre del oro. Su idea inicial era vender lonas para tiendas de campaña, pero al notar que los mineros necesitaban ropa resistente, decidió fabricar pantalones con ese mismo material. Así nacieron los primeros jeans.
Más adelante, junto con el sastre Jacob Davis, incorporaron remaches de cobre en los puntos de mayor tensión (como los bolsillos), lo que aumentó su durabilidad. En 1873, patentaron oficialmente este diseño, marcando el nacimiento del jean moderno. Con el tiempo, los jeans pasaron de ser ropa de trabajo a un símbolo de rebeldía juvenil en los años 50, gracias a figuras como James Dean. En los 60 y 70, se convirtieron en emblema de movimientos sociales y, desde entonces, han evolucionado en estilos, cortes y significados.
El Mercurio, domingo 15 de octubre de 1989, Mundo Empresarial, 10A.
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