Indurama cumple diecisiete años de sueños y realidades.
Hernán Rodríguez Girón.
CUENCA, Ecuador (01/10/89).- La industria cuencana fabricante de electrodomésticos Indurama, fue creada en octubre de 1972, por iniciativa de Pablo Jaramillo Crespo, un joven y dinámico empresario, que instaló un pequeño taller en la calle Turuhuayco, al norte de Cuenca, con un capital inicial de 2 millones de sucres. Pero, por un azar del destino, Pablo Jaramillo y su esposa María Eugenia Tamariz, fallecen el 16 de agosto de 1976, en el avión de la compañía Saeta que se precipitó a tierra durante un vuelo entre Quito y Cuenca, pasando a gerenciar la empresa desde aquel aciago año su hermano Marcelo Jaramillo Crespo.
El mismo año 76, Indurama se traslada a su actual planta industrial, al sur de la ciudad, sobre la Avenida Don Bosco y Las Américas. En el presente cuenta con un capital de 450 millones de sucres. En octubre de 1989, la firma cumple 17 años, realizando la tarea de elaborar productos bajo la denominación “línea blanca”, artefactos necesarios en el presente para el normal desarrollo de la vida en los hogares contemporáneos, como son cocinas y refrigeradoras.
Para el gerente de la fábrica, Marcelo Jaramillo, es importante destacar que su empresa alcanzó, con el paso de los años, prestigio nacional, en la línea de la manufactura y venta de artefactos indispensables para las familias ecuatorianas y junto a Durex y Ecasa, Indurama está entre las tres marcas mejor posicionadas en el mercado de electrodomésticos del país.
“Pudimos entrar en este novedoso mercado gracias a nuestra calidad integral, lo que nos permite obtener productos que funcionan con excelencia, con sus adecuados diseños de tipo italiano o estadounidense. Además, están hechos con materiales durables y con el soporte de un servicio técnico capacitado, que es un respaldo para nuestros compradores en todo el país. Todas estas características consiguen que tanto nuestras cocinas como las refrigeradoras duren toda la vida”, manifiesta con orgullo Marcelo Jaramillo, hablar del factor calidad que ha sido el camino para alcanzar un gran sitial. La garantía de funcionamiento de fábrica es de 2 años, aunque en la práctica están los productos están certificados para trabajar 20, siempre y cuando, generación tras generación, se les de un uso adecuado.
Marcelo Jaramillo insiste que es un orgullo y una gran satisfacción la presencia nacional de Indurama y que sus productos lleguen hasta los últimos rincones de la nación, “puedo decir sin equivocarme que estamos ubicados con nuestra marca en los pueblos más alejados y eso que juega en contra nuestra el hecho de que para la región Austro siempre ha sido un obstáculo el no poder integrarse al desarrollo del resto del Ecuador y es urgente insistir a las autoridades sobre la urgente necesidad de promocionar a esta sección de la Patria. Por eso digo que es un orgullo haber logrado este alcance nacional, teniendo que superar un esquema de aislamiento”.
Un reto diario para la compañía es mantener este mercado para la distribución de las marcas Indurama, Kelvineitor, AEG y Ariston, mediante un proceso logístico de ventas, que recibe el apoyo de firmas como Marcelo Jaramillo e Hijos, Importadora Tomebamba, Mirasol, Singer y Créditos Económicos. A ellos se suman pequeños y grandes almacenes por toda la república, que constituyen una red de 1.000 puntos de comercialización que son visitados cada 15 días y “este este grado de penetración comercial el que nos permite tener una proyección nacional”. Las ventas a crédito son parte de este esquema, para la adquisición con facilidad de cocinas y refrigeradoras, siendo el principal eslabón entre los clientes y los artículos para el hogar.
El rápido desarrollo de la organización no habría sido posible sin la decisión y el empuje necesarios entregados por sus primeros directivos, por eso sus nombres deben ser recordados: Pablo Jaramillo, Iván Espinoza, José Burbano y Octavio Espinoza; “En la década de los 70 ellos pusieron los pilares tecnológicos de esta empresa. Gracias a esto pudimos pasara a ser una gran industria”. En la actualidad fortalecen el éxito de esta industria cuencana en el ámbito técnico, personas como Armando Alvarado, Alfonso Carrión, Alfredo Carrasco y Felipe Carrasco.
Las unidades con las que cuenta Indurama son: la metalmecánica, para la confección de partes y piezas necesarias para ensamblar cocinas y refrigeradoras; la térmica que maneja gases como el freón, elemento con el que funciona el proceso de congelamiento de las refrigeradoras; la eléctrica y la electrónica para el mantenimiento de máquinas; la hidráulica y la neumática; “manejamos múltiples áreas tecnológicas en nuestros procesos productivos y cada sección está altamente especializada en lo que sabe hacer, para obtener excelentes productos. Toda esta tecnología fue homologada a estándares ecuatorianos, a lo que requiere el país.
La línea tradicional de productos tiene en lista cocinas, cocinetas, refrigeradoras y calentadores de agua; además está a la vanguardia en la manufactura del refrigerador “No Frost” o sin escarcha, un sistema que evita la formación de hielo; “esta es una novedad en refrigeración, los alimentos no quedan incrustados a las paredes del refrigerador al congelarse. Funciona mediante la circulación constante de una corriente de aire; que previene la formación de hielo; es decir, es anti escarcha”.
En refrigeradores “No Frost” se ensamblan distintos modelos y tamaños, haciendo una línea interesante, para que cada hogar escoja el más adecuado a sus necesidades. Tiene la particularidad de no tener divisiones, dadas las actuales necesidades en la conservación de alimentos. Es así como Indurama cumple con su promesa de no ofrecer siempre lo mismo.
“Son las épocas de vacas flacas, las malas épocas, las que hacen ganar experiencia y permiten sembrar futuro” asegura Marcelo Jaramillo. En el bienio 1983-1984 la política económica de devaluación monetaria, ejecutada por el Gobierno Nacional de turno, puso en una grave crisis económica a Indurama y fue “el trabajo esforzado de directivos, accionistas y obreros, lo que permitió superarla y lograr una situación de pujanza. Creo que fueron años de madurar y contribuyeron al éxito del presente”. Marcelo Jaramillo e Hijos S.A. y la Financiera de Guayaquil S.A. colocaron el valioso capital que apuntaló el crecimiento de esta industria.
Los “Círculos de Calidad” son una importante herramienta de gestión para sostener el prestigio de las marcas de Indurama; “los trabajadores de la planta se reúnen por secciones para ser concientizados sobre la importancia de la calidad. A su vez, cada grupo puede brindar sus aportes para mejorarla. Cada obrero pasa a ser, no solo mano de obra, sino un activo mental, una persona útil para el empeño de la empresa. Al mismo tiempo, se rompen las barreras entre patronos y trabajadores”. El 50% de los recursos humanos están ya organizados en círculos.
Los “Círculos de Calidad” son grupos pequeños de empleados (generalmente entre 4 y 8 personas) que se reúnen de forma voluntaria y periódica para identificar, analizar y resolver problemas relacionados con la calidad dentro de su área de trabajo. Esta metodología nació en Japón en los años 60, impulsada por el experto en calidad Kaoru Ishikawa, y se basa en la idea de que quienes están directamente involucrados en los procesos son quienes mejor pueden detectar fallas y proponer mejoras. Los círculos de calidad suelen seguir un proceso como este: formación del grupo, identificación del problema, análisis y recopilación de datos, propuesta de soluciones, implementación y seguimiento.
Con respecto a las relaciones laborales, Marcelo Jaramillo destaca que en su empresa no ha existido nunca un conflicto con los obreros y hecho lo valora como un enorme éxito; “en épocas de crisis escasean las posibilidades, se incrementan las necesidades y surgen los problemas. En Indurama, sobrellevamos la crisis con mucha colaboración y conciencia social, porque el obrero es parte de esta compañía y gracias a él seguimos adelante. Debo señalar a Homero Astudillo, que está al frente del Departamento de Relaciones Industriales, como el responsable de este factor integral que ha facilitado una adecuadas relaciones obrero-patronales”. Los trabajadores de la fábrica están amparados por un contrato colectivo que les garantiza derechos como atención médica integral, servicio de comisariato, alimentación y bonos por antigüedad.
Como parte de su compromiso con la sociedad, la industria amplió su campo de acción al ámbito de la asistencia a los más necesitados, con la creación de la Fundación y Clínica Humanitaria “Pablo Jaramillo Crespo” el 25 de noviembre de 1988. Al respecto, Marcelo Jaramillo relata. “Nuestra compañía y sus miembros, conscientes que, si no se hace una redistribución de la riqueza, procurando que los que algo tienen compartan con los que menos tienen, no se podrá arribar rápidamente a una mejor situación social, a un equilibrio, apoyaron la creación de la Fundación y Clínica y el MBS expidió el respectivo Acuerdo, legalizándola, en noviembre del año pasado”.
El objetivo principal de la Fundación es el cuidado de la salud de niñas, niños y de sus madres, con la implementación de consultorios, que en caso de ser necesario entregan medicinas gratuitas. En la maternidad San Martín de Porres y en la Clínica Metropolitana la Fundación paga el hospedaje de personas de escasos recursos; “así es como Indurama y Marcelo Jaramillo e Hijos, entregan su contribución a la justicia social. Desde junio a septiembre de 1989, unas 2.000 personas han sido atendidas por la Fundación y su Clínica y con el mejoramiento de la atención primaria de salud, se entrega un gran aporte al desarrollo social del futuro”.
El Mercurio, Mundo Empresarial, domingo 1 de octubre de 1989, 10A.
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