Clínica San Francisco de Asís: medicina con alma.
Hernán Rodríguez Girón.
CUENCA, Ecuador (17/12/89).- La Clínica San Francisco de Asís (CSFA), de reciente creación, es una idea del médico lojano José Francisco Guerrero, su director, con el objetivo de servir a la comunidad antes que lucrar de la salud y a “despecho del ejército de burócratas que trabajan en las instituciones públicas de control, que desgraciadamente entorpecen este sano propósito”.
“Este es un negocio en el que la inversión de capital no genera una rentabilidad como para hacerse rico. Mejor es buscar formas más rápidas de enriquecerse, lícita o porque no, también ilícitamente”, afirma este médico filósofo, mientras suelta una enorme sonrisa.
El patrono de la clínica San Francisco de Asís, nace como Giovanni di Pietro Bernardone en 1182, en Asís, Italia. Místico y religioso católico, fundador de la Orden Franciscana. En 1206, tras una visión en la iglesia de San Damián, decidió “reparar la Iglesia” no solo en sentido literal, sino espiritual. Comenzó a predicar el Evangelio con sencillez, atrayendo a seguidores que compartían su ideal de vivir sin posesiones, en fraternidad y en armonía con la naturaleza. Pionero del respeto por la naturaleza y los animales, es considerado también como patrono de los ecologistas.
-Hernán, ¿porqué no haces un reportaje de una clínica?-, me sugirió un buen amigo, sin saber lo que me esperaba. Contrariamente a la percepción pública de que los centros sanitarios privados son primero negocios, fui al encuentro de un médico humanistas, erudito y buen amigo de la bohemia, que recibe el apoyo de un equipo de enfermeras y practicantes, con quienes da gusto hacerse atender, generando un ambiente distinto a otros hospitales y clínicas en los que impera el penetrante olor a cloroformo.
En una fría mañana de miércoles ingreso por primera vez a la nueva pero moderna unidad de salud, como visitante, más no como paciente. Mi primera impresión es aquí no solo se curan las enfermedades del cuerpo, sino también del alma, debido al buen sentido del humor de sus trabajadores.
La recepción está a cargo del director de la clínica, que lleva puesta una tradicional bata blanca, usa bigotes negros espesos y su pelo es negro y crespo, apariencia que le otorga un aire científico, parecido a Albert Einstein. El doctor Francisco Guerrero, como todo buen lojano, es un excelente conversador y posee un gran bagaje cultural. Es el Presidente de la Colonia de Lojanos Residentes en Cuenca (CLRC), sucesor del general Gonzalo Arévalo, militar de grata recordación en la ciudad azuaya. El diálogo salta de un tema a otro: medicina natural, el cuidado de la salud, como prevenir la diabetes mellitus, anécdotas de la clínica.
El doctor Guerrero aborda el tema principal y se describe como el director de la Clínica San Francisco de Asís, centro especializado en cirugía y traumatología, ubicado en la Avenida Tres de Noviembre 2-52, a pocos pasos de la Plaza del Otorongo o ex Plaza del Carbón; “aquí mantenemos una permanente actitud de servicio hacia la comunidad”.
El personal de clínica ejerce de manera profesional la práctica de la medicina, practicando los valores de la honradez y la responsabilidad, con la asistencia de modernos instrumentos y equipos, respetando el juramento de Hipócrates; “al personal que aquí labora le sobra calidad humana, que es lo más importante”. Guerreo está asociado con el doctor Jorge Martínez, especialista en anestesiología y terapia intensiva y un selecto grupo de médicos, profesionales expertos en cardiología, radiología, patología, entre otras ramas; “todos se identifican con un concepto, con una verdad indiscutible, la medicina como ciencia y arte se sustenta en humanas y jubilosas raíces de un original anhelo, buscar la perfección sencilla y mansamente, en el detalle y en la solidaridad”.
Los servicios de la clínica cubren emergencia, observación, consulta externa, hospitalización, fisioterapia, terapia neural, rehabilitación, laboratorio clínico computarizado, Doppler vascular, sala de esterilización e instrumentación, sala séptica, quirófano, sala para reducción cerrada de fracturas, atención peri operatoria, endoscopía y laparoscopía.
En convenio con la revista mensual “Chirurgische Praxis” de la Sociedad Alemana de Cirujía, el personal médico de la institución puede intercambiar publicaciones y recibir asesoramiento profesional; “de esta manera nos capacitamos, porque la medicina es una ciencia que evoluciona continuamente y hay que poseer claridad mental y una profunda compenetración, para estar libres de dos defectos: la vacilación y la incertidumbre. Todo médico debe tener un espíritu de investigación”.
Las clínicas son pilares del sistema de salud, ofreciendo atención primaria, especializada y preventiva. Para acoger a sus clientes, la CSFA posee 13 habitaciones para brindar el servicio de hospedaje, atendidas por enfermeras capacitadas. El servicio computarizado de laboratorio clínico ofrece resultados en 15 minutos; “creo que es una alienación cultural considerar que la sofisticación cierra la ecuación ciencia-tecnología, con la pérdida de humanidad. Es un concepto artificial. El médico actual no puede participar de la conspiración que significa atrapar al ser humano para condenarlo a su desnaturalización”.
Luego de tantas frases cargadas de reflexión, José Guerrero me invita a probar una copita de puro de Malacatos; “debo afirmar que todas las cirugías hechas en esta clínica, utilizaron técnicas iguales a las usadas por cirujanos anteriores a nosotros. Pero, nadie las ha hecho, como nosotros las hacemos. Tratamos de ser originales en cada una de ellas. Hacer las cosas bien importa más que hacerlas”.
Es preciso reconocer, una vez más, que la aparente necesidad de lucro, propia de una sociedad materialista, distorsiona numerosos principios fundamentales de la práctica médica. Muchos profesionales eligen esta carrera movidos por el afán de enriquecerse rápidamente, convirtiendo el dolor humano en una mercancía. José Guerrero reconoce que, en ocasiones, la vocación de servicio no resulta gratificante, pues el médico se enfrenta a la incomprensión de los pacientes o de sus familiares. Con el paso del tiempo y, tras convivir con historias de vida cada vez más complejas y dolorosas, el médico acaba por convertirse en un receptáculo silencioso: el contenedor de las angustias y conflictos ajenos. Es a los profesionales de la salud a los que la colectividad arroja sus frustraciones y violencias.
“Si el paciente sana, ¡milagro de Dios o de un santo!. Si empeora o muere, ¡hay lapidar al médico!. Situación que se amplifica en momentos de crisis como el actual, de dificultades económicas. ¿Acaso es el médico una especie de dios, que alivia males y ahuyenta el espanto de los hombres?. José es nieto de un botánico tradicional o yerbatero. Tiene también aptitud para filósofo o para dar cátedra en deontología de la profesión. También aficionado a la literatura. Hay una persistente dicotomía, una metáfora, entre los nuevos equipos de medicina, tan sofisticados que deslumbran, fruto del esfuerzo de la ciencia del presente y el “shamán”, brujo primitivo, mama o taita, que luce ropajes brillantes, objetos mágicos y hace gesticulaciones de exorcismo. Pero ambos representan el fascinante acercamiento a la génesis de la dolencia y a su probable tratamiento; sosteniendo como divisa de referencia la dudosa sentencia: “si no puedes curar, alivia y si no, consuela”.
Luego de esta clase de ética profesional, que a decir verdad no me la esperaba, me despido de esta unidad médica, cargado de optimismo con respecto a una profesión que se dedica a restablecer la salud física y psicológica.
El Mercurio, domingo 17 de diciembre de 1989, Mundo Empresarial, 10A.
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