El Libro de Cuenca canta a la ciudad amada.

 

Hernán Rodríguez Girón.

CUENCA, Ecuador (10/12/89).- La primera edición del Libro de Cuenca estuvo lista en octubre de 1988, idea original de Editores y Publicistas (E&P), empresa fundada por el comunicador Marcelo Vázquez Moreno y el Doctor Carlos Alvear en el año 1987.

La sede de E&P se halla en el quinto piso del Edificio San Agustín, oficina 310 y se  constituyó para dar vida a “El Libro de Cuenca”, que se ha convertido en poco tiempo en el orgullo de cuencanas y cuencanos. Marcelo Vázquez y Carlos Alvear organizaron un equipo humano de excelencia para editar el libro, integrado por: Rigoberto Cordero y León, director del Consejo Editorial; Teresa Ávila, técnica en diagramación; Augusto Arias y Lastenia Manzano, técnicos de computación; Carmita Guillermo, administración y contabilidad; Nely Íñiguez, coordinadora.

Cuenta Marcelo que su actividad principal durante más de veinte años ha sido el manejo de la publicidad y el marketing de varias empresas en Cuenca, Quito y Guayaquil, “que tuvieron la gentileza de confiarme el manejo de un área tan compleja y difícil, como es la administración y coordinación de equipos de vendedores”.

La idea original de publicar un libro dedicado a la ciudad nació de la experiencia ganada en cuatro ocasiones, más como un apego a las tradiciones, organizando las Fiestas de Cuenca y una actividad muy especial que era el “Festival del Pueblo”, que consistía en armar una mesa gigante, de 600 metros de largo, en el estadio municipal y halla llegaba la gente a vender los más diversos platos de comida con productos típicos, “este fue el fruto de un trabajo muy especial, en el que puse todo mi empeño”.

El requisito, para que los asistentes puedan participar, era la presentación de platos típicos como cuy con papas, mote pata, arroz de cebada, papas locas y tantas cosas sabrosas de la gastronomía azuaya; “de la misma forma para la vestimenta de los vendedores de cada puesto, tenían que ser trajes tradicionales. Los arreglos para la mesa también tenían que identificarse con algo tradicional, como el uso de utensilios de cocina autóctonos, como la cuchara de palo, las bandejas, los medianos de barro, etc. Concurrían entre 50 o 60 mil personas que participaban auténticamente”.

De manera paralela, Marcelo organizó el concurso de bandas de pueblo los años 1984, 1985 y 1986, concursos de comparsas, castillos y juegos pirotécnicos. Así, con todas estas maravillosas experiencias, la idea de escribir un libro que las recoja a todas fue creciendo. Se pensó primero en una revista, en la cual se pueda escribir sobre las simpáticas tradiciones locales, con el fin de rescatarlas para la posteridad, que se pueda contar con una especie de registro.

“La revista pretendía rescatar nuestras festividades, hacer memoria de ellos, un listado. Cuando conversé de esta idea con varios amigos, el más entusiasta resultó el poeta Rigoberto Cordero y León. Y ya no se pensó solo en una revista, se evolucionó hacia la edición de un libro que recoja toda la tradición literaria de Cuenca”. Reflexionando un poquito más sobre el diseño de la publicación, se decidió incluir temas como tradiciones, historia, geografía, la memoria sobre los puentes. Todo este material ya no alcanzaba en una revista.

Finalmente se concibió el libro, sin embargo, todo el material escrito no alcanzaba solo para un libro de 150 páginas, ni de 200 o 300. El primer volumen llegó a las 500 páginas, debido a la acogida por parte de los escritores de los artículos, que hicieron suya esta novedosa propuesta, llenándola de riqueza en recuerdos cuencanos.

Organizar la editorial fue un gran desafío: “por el factor económico para producir el primer tomo, para lo que se necesitaba un alto financiamiento. Creamos una empresa compleja, que debía invitar a escritores, conseguir auspicios, organizar los materiales escritos, diseñar el libro, publicar y vender; “con Carlos Alvear, mi entrañable amigo y gran impulsor de Editores y Publicistas, en una noche de conversación y luego de investigaciones del mercado, tomamos la decisión de crear la empresa”.

Tomaron contacto con ejecutivos de la industria y el comercio locales. Se aprovecharon los las relaciones obtenidas durante la etapa de Vázquez como publicista de empresas. A los posibles financistas les presentaron un catálogo de como estaría organizado el libro, algo que por el momento era solo imaginación: números de páginas, listado de escritores, características físicas generales. La respuesta fue inmediata, apoyando con dinero la iniciativa; “ellos no dudaron ni un momento, me siento comprometido con el sector productivo y con Cuenca”. Todos los contratos de apoyo económico tenían una fecha impresa, 2 de diciembre de 1988, para el acto de presentación de la publicación y “me siento satisfecho de que ese día se presentó al libro en sociedad y empezó su circulación”.

Las características del Libro de Cuenca Tomo II son las siguientes: tapa dura, 475 páginas en papel bond, impreso en blanco y negro con fotografías, imágenes y dibujos, los símbolos de la ciudad a todo color, 17 secciones, 107 artículos, 38 escritores.

El Tomo II ya está circulando desde el pasado 6 de diciembre de 1989, como un presente de Navidad; “este esfuerzo no es solo mío, sino de 40 escritores que participan con sus creaciones y el apoyo de los empresarios. Hemos cumplido, es la mejor manera de agradecer”.

Editores y Publicistas nació para crear el Libro de Cuenca. Antes, Marcelo Vázquez dirigía la empresa Anuncios y Promociones, pero la razón social fue cancelada para dar paso a E&P, que también se dedica a la publicidad a más de ser una editorial y los planes a futuro son ambiciosos, porque la organización ya recibió propuestas para editar el Libro de Quito y el Libro de Guayaquil. Un empresario de la Capital envió una invitación por escrito para emprender la tarea y también una importante autoridad, “tenemos que viajar allá, pero no hemos decidido nada todavía”.

Vázquez no se atreve a decir cuál es el mejor relato de este segundo tomo, puesto que los temas son variados y cada escrito es excelente; además, con la experiencia ganada y el éxito del primer tomo, la elaboración de esta segunda versión inició con paso firme, cumpliendo una misión, la recuperación y el rescate de una memoria valiosa y que nunca antes se había conocido. Una profunda investigación histórica ha permitido descubrir maravillas, que el libro se honra en presentar, entre ellos:

-       “Cuenca y su fisonomía espiritual”, de Agustín Cueva;

-       “Elogio al río Paute”, de César Dávila;

-       “Paisaje, hombre y ciudad”, de Efraín Jara;

-       “Historia de la educación en Cuenca”, de Antonio Lloret;

-       “Evolución ideológico-política de Cuenca”, de Roberto Vivar:

-       “Hospitales de la época colonial”, de Leoncio Cordero;

-       “Cuenca y la medicina actual”, de Enrique Martínez;

-       “La historia y práctica del derecho”, de Guillermo Ochoa.

De su parte, Rigoberto Cordero y León, director del Consejo Editorial, maravilloso escritor y mejor como poeta, opina que esta segunda parte del Libro de Cuenca, cuenta una sección especial de sonetos de poetas cuencanos. El consagrado vate explica que la sección de poemas “merece mi especial cariño y simpatía, porque está dentro de mi campo de investigación, por eso escogí sonetos perfectos”.

Con su pedagógica forma de hablar y la sencilles hecha persona, profundiza en su análisis indicando que hay dos géneros en el arte de la poesía, ajustados a una perfección inmutable, “en la poesía moderna, tenemos los versos blancos, que no tienen rima, ni ritmo, guardan una música interior que es el secreto de esta poesía en toda su dimensión”.

Dentro del otro género al que se refiere están el soneto y el romance; de estos dos el más difícil de manejar es el metro soneto, “porque se tienen que encerrar en 14 estrofas todo el pensamiento que podría desarrollarse en un poema más completo, de mayor extensión. Sobre todo, los últimos tercetos son difíciles de manejar, incluso para un poeta entrenado. Finalmente, el último tercero es la síntesis de todo lo dicho anteriormente. Es decir, todo un reto”.

Y Cuenca está repleta de poetas, es una ciudad en donde vive con fuerza la poesía y donde existen verdaderos maestros del soneto, dice Rigoberto y esto le satisface. Un gran representante era Alfonso Malo Rodríguez, artista de “impromptus”, de la improvisación de sonetos. Y da un ejemplo de lo que se puede hallar en el segundo tomo del Libro de Cuenca, una descripción de Miguel Moreno escrita por Alfonso Malo:

“En el bronce es un monje que medita”.

Estos y muchos temas más se hallan en el Segundo Tomo. Producir este libro es una tarea casi sobrehumana. Primero, porque de parte del Estado no existe una política cultural de apoyo a estas iniciativas, aunque no esperan auspicio alguno del sector público. Tampoco existen incentivos o exoneraciones de ningún tipo y los costos del papel se han duplicado. Otro tipo de materiales que se necesitan están con los precios muy altos. La mano de obra también es cara y como consecuencia, las tarifas para la impresión y los insumos que esta requiere, también son altos; “si bien los costos han subido, para obtener alguna ganancia lo compensamos con el número de volúmenes editados. Esto también nos permite mantener los precios y obtener un financiamiento”. Estrategia coherente que permite implementar un modelo sostenible de financiamiento editorial y ayuda conservar la base de lectores. Nuevamente, los materiales usados en esta segunda etapa son de excelente calidad, tapa dura y papel bond blanco del mejor grosor, porque “todo por Cuenca y todo para Cuenca. 

El Mercurio, Mundo Empresarial, domingo 10 de diciembre de 1989, 9A.

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