Entre tornillos, cristal y poesía: la visión de los Sánchez.

 

Hernán Rodríguez Girón.

CUENCA, (04/02/90).- Industrial Óptica Sánchez fue creada con el nombre de Casa Sánchez, el 4 de febrero de 1965, por el doctor Enrique Sánchez Orellana, que además de médico es un destacado artista, poeta y músico, de la ciudad de Cuenca. El actual gerente de la empresa es Enrique Sánchez Arteaga, hijo del fundador y también artista, que destaca los 25 años que está cumpliendo la industrial.

“Mi papá inició esta óptica, bajo el nombre de Casa Sánchez y cuando empezó a producir lentes, le cambió el nombre a Óptica Moderna y así funcionó durante varios años en la Benigno Malo, frente a Casa Tosi. Cuando se construyó y pasó a este local, en la Benigno Malo y Presidente Córdova, el nombre cambió otra vez a Óptica Sánchez. Hace 5 años ingresamos al sector industrial con fuerza; por eso, con exactitud, desde 1986 nos llamamos Industrial Óptica Sánchez. Un cuarto de siglo de muchas evoluciones y una historia larga para contar”.

Una anécdota personal, relacionada con lo que afirma Enrique Sánchez Jr., es parte de esa “historia larga para contar”. Cuando tenía 8 años, me recomendó el médico de la escuela Bilingüe, que use lentes. Estudiaba el 4 grado y había pasado un rutinario control de mi salud. Me indicó que no debía preocuparme. Tendría que usar marco de metal con dos placas de vidrio sencillas, para que descansen mis ojos. Resulta que, luego del chequeo y la medición del oftalmólogo, había heredado dos defectos visuales. El uno de parte de mi padre, el astigmatismo. El otro de mi madre, la miopía. Los lentes no solo serían de descanso, los tenía que usar permanentemente. Desde 1975 siempre me acompañan, aunque a veces son fastidiosos. Los necesito porque corrigen mi campo de visión y previenen que pierda la vista de manera acelerada. Además, desde aquel año soy un fiel cliente de la Óptica Sánchez y no se imaginan la cantidad de marcos extraviados, tornillos perdidos, vidrios rotos, produciendo a mis padres una infinidad de dolores de cabeza cada vez que había que reemplazarlos. Yo estimo que unos 8 pares de lentes destruidos, hasta ahora que tengo 22 años.

El doctor Sánchez Orellana es una institución en Cuenca, además es el oftalmólogo tradicional de la comunidad. Su óptimo tuvo un comienzo modesto, realizando mediciones, curando conjuntivitis u orzuelos, extrayendo limallas y la producción de los lentes era manual, para 3 o 4 personas cada día. Los lentes cristal (vidrio) a la medida eran solicitados a Guayaquil o a Colombia, Existía la opción de los lentes de cristal prefabricados, en varias medidas, que se solicitaban a varios proveedores. No existían los lentes de plástico.

“Un lente de cristal a la medida y bajo pedido se demoraba 15 días en llegar desde Guayaquil. Las primeras máquinas cilíndricas y esféricas de la región sur del país, para tallar vidrio y producir los cristales de los lentes, las importó mi padre hace 22 años. Funcionaron hasta hace unos 5 años solo para nuestros clientes, no para pedidos externos. Producían 8 cristales por día, todo un récord, porque un lente estaba listo en 2 horas, frente a los 15 días de los pedidos a Guayaquil. Fue una revolución”.

En la década de los 80´s se importaron nuevas máquinas, producían más, con mejor calidad y en un tiempo menor. Trabajaban con aire se auto calibraban. La producción de lentes comenzó a incrementarse, hasta el día de hoy que se fabrican 140 pares de lentes por día y unas 280 unidades de cristales, entre vidrio y plástico. “Toda esa producción va, especialmente, a otras ciudades. Servimos a más de 40 ópticas en todo el país, en ciudades como Quito, Guayaquil, Ambato, Riobamba y Machala. También atendemos a clientes de Cañar, de Loja y de la Región Oriental”. Todo alcanzado gracias al proceso de industrialización de la Óptica.

La implementación de tecnologías nuevas le ha permitido a la Industrial ofrecer lentes puros, perfectos, porque con la tecnología anterior los lentes podían salir con aberraciones, o muy delgados o muy gruesos. “Con la nueva tecnología estamos en capacidad de ofrecerles a nuestros clientes un cristal de alta calidad óptima, la máxima calidad, puro”.

Un objetivo de la Industrial Óptica Sánchez, con un alto componente social, económico y patriótico, es ahorrarle divisas al Estado, al producir lentes de cristal y plástico a nivel local. Porque el costo de un lente terminado en el exterior, es tres o cuatro veces más elevado, que pulir en Cuenca una pastilla, un lente o un bloque en bruto. Se termina con la dependencia tecnológica externa, ya que muchas cosas no se podían hacer en el país en el campo de la óptica.

Los pedidos se mandaban a Nueva York, Estados Unidos, si se trataba de lentes para unos prismáticos, que son especiales. La demora era de tres meses, cuando se necesitaban de urgencia. “Toda esa dependencia la eliminamos nosotros, con la Industrial, porque ya no hay ningún lente que no podamos hacer. Existe una excepción y son los cristales especiales, con una reducción del 50% de su espesor, vidrios que en bruto cuestan 100 dólares el par, unos 89.000 sucres al tipo de cambio oficial, con el riesgo que durante el proceso de pulido se rompan. Son cristales que no convienen a la economía de los clientes locales o nacionales”.

Un supuesto, que explica Enrique Sánchez Jr., es la total dependencia del exterior en cuanto a la provisión de materias primas para manufacturar lentes. Esto debido a que en el Ecuador no se produce ningún insumo para el sector de la óptica, ni siquiera un tornillo. Asegura que, si Estados Unidos decidiera sancionar a Ecuador con un bloqueo comercial, la producción de lentes se terminaría. Habría alternativas, como Brasil, que tiene agencias o subsidiarias de Corning Glass o Sola Panamericana. Las industrias ópticas nacionales dependen de la importación de materia prima para trabajar y la amenaza del embargo está siempre latente, como instrumento de presión geopolítica de los países desarrollados.

El biselado es un proceso fundamental para la entrega de un producto a satisfacción del cliente. El proceso de cortar el cristal para ajustarlo al marco del lente es una tarea complicada. El 95% de las ópticas del país todavía lo hacen a mano. La máquina biseladora de la Industrial Óptica Sánchez es automática, una ventaja importante frente a la competencia. Cuando el biselado es manual, se corre el riesgo de que el centro óptico del lente salga desviado. Con este error técnico, las personas que sufren de actismatismo podrían sufrir dolores de cabeza, mareos o tener una pésima visión. Los clientes que usen bifocales tendrán un lente más alto que el otro. No se descarta la habilidad manual del biselador. Pero la máquina realiza este proceso sin fallar y el acabado es perfecto.

“Ahora podemos hacer un lente en 15 minutos, máximo en una mañana. Lo que no era común, salvo en casos de emergencia o urgentes, debido a la poca capacidad que teníamos, ahora se va a volver común. La mayoría de personas que usan lentes permanentes saben que esta oferta de servicio rápido y de calidad es indispensable. Los lentes se han transformado en un artículo de primera necesidad”.

Durante 1989, la Industrial fabricó 5.000 pares de lentes, para los que cuenta con un inventario de todos los repuestos, ofreciendo el servicio complementario de oculista y optómetra en tres consultorios modernos.

Enrique Sánchez Orellana atiende enfermedades de la visión menores y mide la vista en el primer consultorio. Iván Sánchez Arteaga realiza adaptación de lentes de contacto, en todas sus opciones, en el segundo consultorio. Las cirugías oftálmicas y enfermedades menores, “las atiende mi cuñado René en el tercer consultorio”.

“El servicio que nosotros brindamos es completo, desde el chequeo de un oftalmólogo profesional hasta la reparación de lentes o la venta de repuestos. Instalamos lentes intraoculares, emitimos recetas médicas, vendemos colirios, soluciones oftálmicas, gafas, cadenas… Puedo decir con orgullo que esta es una súper óptica”, nivel alcanzado en apenas 25 años.

La moderna y nueva planta de la Industrial Óptica Sánchez está ubicada en la Avenida Florencia Astudillo y Solano, con maquinaria de punta que permite triplicar la producción y con esto se espera conseguir que los costos de los lentes bajen; “nuestro producto tiene que ser popular, masivo. Es una ecuación, en la que los costos de las materias primas que se pagan en dólares nunca bajan o se estabilizan, más bien suben; y, al aumentar la producción y hacerla una referencia, lograremos bajar los costos. Ese es el plan. Pero nuestra planificación va más allá, porque disponemos de un inventario tan grande, que estamos pensando en servir no solo al mercado interno nacional, sino al exterior”.

El sentido de la vista es don divino y perderla por una ceguera, en el caso más grave, para nadie sería agradable. Perder la facultad de disfrutar de los colores, mira la inmensidad del azul en el océano o el cielo, la belleza del caleidoscopio de colores de un amanecer o atardecer, admirar con humildad una imponente montaña o el rostro de la persona amada. La salud visual es vital para la supervivencia del ser humano, por eso los lentes se han convertido en un producto de primera necesidad, para la gran mayoría de la población, no solo en Ecuador sino a nivel mundial. Obtener este artículo en el menor tiempo posible puede hacer la diferencia entre la salud o la enfermedad, el bienestar o el malestar.

El Dr. Enrique Sánchez Orellana, en su faceta de artista, músico y poeta, es reconocido como el autor de la letra y la música del alegre sanjuanito “Cholita Doctora”. Se suele cantar en ritmos como sanjuanito y pasacalle, lo que le da ese aire alegre y romántico tan característico de la música andina nacional. La canción es una pieza tradicional muy querida en Cuenca. El Dr. Sánchez la compuso en 1942 y a lo largo del tiempo, ha sido interpretada por varios artistas y agrupaciones, entre ellos Enrique Augusto. Este último, es el nombre artístico de Enrique Sánchez Arteaga, ejecutivo de Industrial Óptica Sánchez y heredero del patrimonio artístico de su padre.

El Mercurio, Mundo Empresarial, domingo 4 de diciembre de 1990, 9A.

 

 

 

 

 

 

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