Hotel Internacional invita al descanso y a la paz.
Hernán Rodríguez Girón.
CUENCA, Ecuador (31/12/89).- El Hotel Internacional, con su lema “tradicional en Cuenca”, fue inaugurado en 1932, es una joya arquitectónica ubicada en el corazón del centro histórico de Cuenca. Su estilo es neoclásico, con una fachada que refleja la elegancia de principios del siglo XX. Fue diseñado por el arquitecto italiano Alfonso Durini en la década de 1930 para Víctor Miguel Delgado, un pionero del hotelería en Azuay y exportador de sombreros de paja toquilla. Durante la década de 1950 alcanzó la fama de ser el mejor hotel de Cuenca.
Construido entre 1927 y 1932 por los maestros Ángel y Luis Lupercio. Ángel, a sus 87 años y con la memoria intacta, recuerda que los cimientos del Internacional se comenzaron a cavar en 1930. Cuenta que cuando su equipo de albañiles estaba en plena faena, sucedió un fuerte temblor y todos salieron corriendo de las zanjas porque corrían el riesgo de morir sepultados. Ángel Lupercio es un maestro albañil cuencano cuya obra deja una huella profunda en la arquitectura patrimonial de Cuenca. Nació en 1902 en San Pedro del Cebollar y representa a una generación de constructores autodidactas que, antes de la existencia de facultades de arquitectura en la ciudad, levantaron templos, casas y edificios con una sensibilidad estética notable. Trabajaba a partir de postales y fotografías traídas por viajeros y exportadores de sombreros de toquilla que visitaban Europa. Con estas imágenes como inspiración, desarrolló un estilo que fusionaba lo europeo con lo local. Su técnica era empírica, basada en el método de prueba y error y su clientela solía ser exigente y de gustos refinados. Lupercio no solo construyó edificios, sino que ayudó a definir el carácter urbano de Cuenca en el siglo XX.
Los nuevos propietarios, accionistas y administradores del Hotel, a 1989, son los hermanos Peña: Leticia, Mariana, Susana, Ximena, Dolores, Iván, Fernando y Teodoro. Iván y Teodoro ejecutaron la restauración de la casa patrimonial, compartiendo y discutiendo ideas, que las plasmaron en acciones concretas; “el edificio se sostiene sobre vigas de eucalipto, las paredes son de ladrillo y bahareque, el techo de zinc y todos los colores usados para pintar el interior son preparados, porque se quería conseguir los tonos exactos, con diferentes tipos de azules, blancos, el plomo bajo, el palo de rosa, para lograr objetivos psicológicos como las sensaciones de descanso, relajamiento y pasividad”, explica el gerente del Hotel y arquitecto restaurador Teodoro Peña. Comenta que no se ha pensado en esta ocasión en poner un ascensor, porque el edificio tiene 4 plantas, debido a que el costo es muy alto, unos 30 millones de sucres o 53.000 dólares a la fecha y de acuerdo con el tipo de cambio oficial.
Investigaciones históricas realizadas por Teodoro Peña, reconstruyen los antecedentes de la propiedad, que en 1923 pertenecía a Micaela Salazar, quien sobre el terreno había levantado una casa-habitación de 2 pisos, pero al morir su esposo, de apellido León, decide vender el inmueble a Víctor Manuel Delgado en 1929, que hace tumbar el domicilio anterior para levantar el hotel, con planos y fotos traídos desde Francia.
En efecto, sus 4 pisos, llenos de detalles, son una fiel copia de un edificio de París. Hacia 1987, la propiedad había entrado en un rápido proceso de destrucción y deterioro. Es cuando interviene la familia Peña-Cordero, decidida a reconstruir la propiedad. Ahora, en 1989, la fachada luce como nueva, con tonos de color pastel, que destacan las cornisas y llaman la atención de los transeúntes. Por su colorido, es el primer objeto en el que fijan su vista las personas que pasan por la esquina de la Gran Colombia y Benigno Malo.
“En el interior, los cielos rasos, o casetones, también fueron traídos desde Francia. En las primeras décadas del Siglo XX, existía una casa que los importaba directo desde el exterior. No eran de uso muy común en la ciudad, eran muy exclusivos. Entre 1950 y 1953 el Internacional ya se había posicionado como el mejor hotel de Cuenca, con dos baños por piso. Hasta 1960 fue administrado por Miguel Delgado. Aquel año, cede el inmueble a su suegro, que procede a vender todos los bienes muebles y la decoración. Las habitaciones se transforman en viviendas alquiler, todo el edificio es un conventillo hasta 1968. Finalmente, mi familia compra el edificio e iniciamos un proceso de desalojo del conventillo, la gente que había vivido allí casi una década, salía cargando gallinas y cuyes. Lo habían destruido todo. Y los tumbados de latón estaban arruinados, llenos de hollín y humedad. Fue lamentable”.
Un artesano checoslovaco, de apellido Kovasevic, fue contratado para reconstruir las puertas de las habitaciones, usando una técnica muy popular y de moda en los 70´s, madera contrachapada, conocida comercialmente como playwood. Eran de color café. Fue recuperada la función de hotel y primero lo administró un señor de apellido Álvarez, “después pasó a manos de una señora Rosales. Hasta que en 1987 mi familia decidió restaurar completamente el edificio y pasó a administrar el Hotel”.
Vender la propiedad era la primera opción para la familia Peña, porque la última administradora se las devolvió en pésimas condiciones; “sin embargo; luego de un análisis que consideró al turismo como la principal fuente de ingreso de divisas al país, luego de sectores como la agroindustria o la misma migración, tomamos la decisión de invertir en la restauración. El Hotel será en Cuenca un importante polo de desarrollo del turismo”.
El trabajo más duro se concentró en la reconstrucción total de los sistemas eléctrico, de agua potables y saneamiento ambiental de la casa. Se tuvieron que reemplazar todos los cables y las tuberías de los baños. Esta vez, se implementó un baño nuevo por cada habitación, algo que no estaba contemplado en una estructura de 1930, lo que significó un importante rubro técnico y de mano de obra. Se instalaron comodidades modernas, como un sistema de música ambiental y circuito cerrado de televisión, con una programación central usando Betamax, para que los huéspedes conozcan sobre la cultura, el turismo, las tradiciones y los sitios del interés del Ecuador mediante videos. El Betamax es un formato de video analógico desarrollado por Sony, de moda en 1989 Fue lanzado al mercado el 10 de mayo de 1975. Permite grabar programas de televisión y reproducirlos cuando se quiera. Es algo innovador. Ofrece mejor calidad de imagen y sonido que su competidor, el VHS. Permite grabar una hora de contenido.
Los detalles constructivos originales del edificio fueron conservador y respetados, el cambio fue en el color, porque la pintura original no destacaba los fabulosos detalles de la fachada. Pero ese cambio transformó todo y ahora la ciudad entera fija su atención en el Hotel. Fue una restauración ejemplar, que ha recibido los mejores elogios.
Para incrementar la sensación de alegría que transmiten los colores pastel, muchas ventanas que fueron clausuradas, en épocas anteriores, se reabrieron, haciendo que entre más la luz. Las puertas fueron repintadas. Pero el trabajo más agotador resultó la restauración de los cielos rasos de latón, porque se tuvo que emplear el pincel, colores originales, todo a mano, piso a piso, detalle a detalle, un proceso demorado y agotador.
Finalmente, todo valió la pena, por la categoría otorgada por las autoridades de turismo es la primera, para un hotel que está a la altura de la competencia; “la gente encuentra aquí algo más que tradición, nuestro hotel no compite con otros porque es distinto, es nuevo y al mismo tiempo es patrimonio. Aquí la paz se encuentra en los colores. Tampoco es el típico hotel moderno, que tiene la conexión a la calle, un corredor y la habitación. Desde el principio el turista disfruta de todo lo que tiene el edificio, nada se escoden. Hay patios interiores y una arquitectura maravillosa”.
Un grupo enorme de proyectos está en carpeta, porque este será más que un hotel. Se planifica la oferta de paquetes turísticos para las agencias de viajes de todo el Ecuador. El siguiente paso será la oferta a operadores internacionales. En planta baja funcionará una agencia de viajes de turismo receptivo, que organizará recorridos por Cuenca, teniendo como punto de partida el Internacional. Hay tantas cosas lindas que mostrar, empezando por el Centro Histórico de la ciudad, visitas al Cajas e Ingapirca. Otro servicio complementario será la librería, con ediciones que hablan de la ciudad editadas por el Banco Central y el CIDAP. Y la enumeración sigue: tienda de artesanías, una pequeña boutique. Todo respaldado por la más efectiva publicidad y el complemento del libro de comentarios sobre el buen trato recibido. Es decir, una estrategia completa para el fomento del turismo.
Un grupo de alemanas, hospedados en el Hotel Internacional, fue el siguiente: “No nos interesa llegar a un hotel moderno. Por allá tenemos mejores infraestructuras. Queremos llegar a hoteles tradicionales, con encanto”. Es la nueva imagen de un viejo, el Hotel Internacional, que, con 60 años de presencia en la ciudad, acaba de inaugurar su nuevo rostro hace apenas tres semanas, el 16 de diciembre de 1989.
“Estuvieron presentes los huéspedes del hotel, que eran dos chinos, dos canadienses, dos alemanes y dos manabitas, el vicealcalde y el Director Regional de Turismo en el acto de inauguración. Música nacional amenizó el ambiente y los asistentes tuvieron la oportunidad de conocer todos los espacios. En la Presidente Córdova y Estévez de Toral se realizó después una noche cuencana, con el lanzamiento de globos, quema de castillos y banda de pueblo. Los huéspedes de cuatro nacionalidades nunca esperaron hallarse en medio una fiesta con tanto color y calor. Para ellos fue una gran sorpresa. Eb la casa ubicada en esa dirección implementaremos un centro cultural”. Para Teodoro Peña y toda su familia los mejores deseos para 1990, ¡Feliz Año Nuevo!.
El Mercurio, Mundo Empresarial, domingo 31 de diciembre de 1989.
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