La Europea: 50 años de sabor, historia y resistencia.
Hernán Rodríguez Girón.
CUENCA, Ecuador (22/10/89).- La fábrica La Europea, especializada en elaborados cárnicos, conservas de frutas y alimentos enlatados, fue fundada en octubre de 1939 por la familia Heimbach, integrada por Max, Margarita y Kurt, de origen alemán. Este mes de octubre de 1989 celebra con orgullo sus 50 años de trayectoria en la industria de alimentos procesados.
Comenzó como una pequeña y modesta unidad productiva familiar y en la actualidad es una gran empresa cuencana, con su línea de productos que se están exportando a varios países y en el ámbito local, la marca tiene ganado un espacio en el corazón de cada hogar de la ciudad, que lo conquistó desde que empezaron a salir al mercado sus embutidos hace medio siglo. También en muchos hogares ecuatorianos La Europea es reconocida por sus productos de calidad en charcutería, frutas en conserva y alimentos enlatados.
Esta saga e historia empresarial de los Heimbach, digna de un libro, inicia a mediados del año 1939, cuando Max, su esposa Margarita y el pequeño hijo Kurt, fueron obligados a salir de su tierra natal, Alemania, porque corrían el riesgo de ser detenidos por los nazis e ir a parar en un campo de concentración. Ecuador era una de las pocas naciones, que, en aquellos tiempos tan oscuros, ofrecía refugio a las víctimas del régimen de Hitler. Pero, una condición era indispensable para ser acogido como emigrante y refugiado, declarar que toda la familia era de origen campesino y se dedicaba a este trabajo.
Aquellos lejanos días, en los que la angustia era el pan de cada día, han quedado lejos, en el recuerdo. Kurt Heimbach, gerente propietario de La Europea los rememora de la siguiente manera: “llegamos a La Libertad, cerca de Salinas, el 19 de agosto de 1939, junto a un gran grupo de nuestros compatriotas. La colonia de alemanes se reunió para discutir cual era el lugar más adecuado para iniciar de nuevo la vida. Durante el resto del mes de agosto y septiembre de 1939 mi familia vivió en Guayaquil. Por sugerencias de amigos de mi padre, todos nos trasladamos a Cuenca”.
Para entrar al país habían declarado Max y Margarita que eran agricultores, por eso al llegar a la ciudad, obligados por esta condición, se radicaron en la parroquia rural de Sidcay, en la quinta de Humberto Polo. Kurt continúa con su relato: “hoy está situado en el predio el Cuartel Dávalos y la vieja casa de la quinta todavía está en pie. Pues en esa propiedad comenzó mi familia la industria de la carne en octubre de 1939. Recuerdo que, en esa época, los señores Moscoso Tamariz, transportaban arena desde Sidcay a Cuenca. Eran ellos los que nos traían hasta la ciudad, par estudiar o para vender nuestros productos”.
Entonces se produjo una novedad en Cuenca, porque era la primera vez, en aquellos años, que se elaboraban embutidos industrialmente para comercializarlos. Sobre la empresa creada por su padre Max, su hijo Kurt manifiesta: “mi padre tuvo una idea pionera, fue una novedad para los habitantes de la ciudad, porque hasta octubre de 1939 la única familia que vendía embutidos o productos cárnicos procesados, eran los Llerena, pero los traían desde Riobamba. Recuerdo que nosotros comenzamos con un modesto molino manual de carne, marca Toledo, éramos mi papá, mi mamá y yo, los únicos integrantes de esta naciente empresa. Desde Sidcay teníamos que salir por un cahquiñán, no había carretera asfaltada. Desde allá íbamos con nuestros embutidos a la ciudad a venderlos”.
Eran intensas las ganas de abrirse camino en una tierra que, en un inicio, les resultaba extraña; sin embargo, el emprendimiento familiar creció rápido y se desarrolló una red de distribuidores, en algunos almacenes de Cuenca y con el paso de los años instalaron sus propios almacenes: “primero fueron dos y después abrimos mercado en Quito, Guayaquil, Ambato y Riobamba. Nuestros productos ya iban en carro hasta El Tambo y desde allí en tren a las mencionadas ciudades. Cuando empezamos a crecer, contratamos a un empleado, luego a otro… En Sidcay funcionamos dos años. Nos pasamos a otra casa, propiedad de Alfonso Ledesma, que era el director del Camal Municipal”.
La primera planta propia de La Europea fue adquirida en el año de 1947, en el sector de Todo Santos, la propiedad quedaba entre entre el Puente Roto y el nuevo puente, una casa comprada con mucho sacrificio, pero en 1949 “el municipio nos notificó que se iba a ejecutar la ampliación de la calle y que la obra pasaba por la mitad de la casa. Pero la creciente del año 50 ensanchó la margen del río y se salvó la casa. Las aguas del río Tomebamba se llevaron el puente y el camal”. Tres molinos de carne y 7 empleados era el desarrollo alcanzado por La Europea llegada la mitad del Siglo XX.
Con respecto a la aceptación de los consumidores por los productos de La Europa, al principio de la compañía, Kurt Heimbach comenta que los recursos de la pequeña industria eran pocos, pero la demanda resultó “fabulosa”. Tomando en cuenta este aspecto “todo el tiempo se trabajaba intensamente, fue una época espectacular. Claro, también nos compraban para ayudarnos. Por ejemplo, Carlos Tosi, compraba más de lo que necesitaba, porque el sabía de nuestra situación como refugiados. En un día de trabajo procesábamos 3 quintales de carne o 12 horas dándole la vuelta a la manivela del molino sin descansar”. Los jamones y las mortadelas eran los productos que más se vendían.
Miguel Peralta es el nombre del primer obrero contratado hace 50 años. El pasado 9 de octubre de 1989, al celebrar La Europea su 50 cumpleaños, Miguel fue agasajado en la reunión de empleados. También estuvieron presentes varios jubilados, demostrando así su aprecio por la empresa en la que laboraron muchos años.
“Hay que marcar dos etapas en el desarrollo de La Europea. Los primeros 20 años que estuvo dirigida por mi padre. Luego entré a participar de la gerencia, a partir de 1960 más o menos, con una visión renovada, porque decidí diversificar la oferta de productos y se comenzaron a elaborar conservas y pasta y salsa de tomate. En la actualidad, mis hijos están implementado nuevas ideas”, explica Kurt Heimbach.
Otro hito logrado por Kurt, fue la implementación de la moderna planta de producción en la Avenida Solano, en lo que fue el antiguo local de la Cervecería Azuaya. Transformó una pequeña industria en una gran empresa: “lo hice hace 15 años, en 1974, cuando convertí la planta de la Cervecería Azuaya, una empresa que nunca arrancó, en una moderna industria. Desmonté toda la maquinaria que hallé, para la producción de cerveza y adecué los edificios a los requerimientos de mi empresa”.
Poco a poco empezaron a funcionar una planta pasteurizadora de leche, otra para la producción de salsa y pasta de tomate, un laboratorio de análisis bactereológico, para el control de la calidad de los embutidos y los enlatados, antes de sacarlos a la venta y, finalmente, una moderna planta procesadora de carnes, que utiliza maquinaria avanzada, con algunas de sus secciones computarizadas; “para dirigir todo esto mis hijos han estudiado en el exterior la especialidad de procesamiento de alimentos. Siempre un técnico especialista ha dirigido la producción de esta empresa”.
Una meta ambiciosa para cualquier fábrica es el autoabastecimiento de materias primas. La Europea está a punto de llegar a esa meta, con la su propia granja para la cría de cerdos, que está en capacidad de proporcionar carne de la mejor calidad para sus embutidos, una garantía más de salud para los consumidores locales y nacionales.
“Uno de nuestros planes se ha cumplido, el autoabastecimiento de materia prima; ya estamos utilizando carne de cerdo obtenida de nuestro criadero, que lo dirige otro de mis hijos. Con esto abaratamos los costos, porque siempre el precio de la carne esta al alza. Con esta granja de cerdos ubicada en la costa, hacemos bien las cosas. Son 1.000 cerdos importados los que nos proporcionan la carne para nuestros embutidos”.
Como empresario con 50 años de experiencia en la industria de alimentos, opina que se deben implementar los incentivos para que el campesino retorne al agro, a producir. Esto se logrará cuando los precios de los productos agropecuarios bajen, como una forma de incentivo para cultivar más y una vez que exista mayor producción, los precios de las mercancías agrícolas en los mercados tenderán a bajar; “si no existen a corto plazo incentivos para la producción agrícola, irán en aumento fenómenos como la migración del campo a la ciudad o al extranjero”. Palabras proféticas.
La manufactura de un embutido empieza con la recepción y el pesaje de la materia prima, la carne de res o de cerdo. Cada animal es faenado y sus diferentes partes son utilizadas para hacer diversos embutidos, los más clásicos son las salchichas, los jamones, los salamis y las mortadelas. La materia prima es triturada hasta que adquiere la consistencia de una pasta, pero todavía cruda. Fundas plásticas de distintos tamaños dan la forma a los embutidos.
El siguiente paso es la cocción de toda la pasta envasada y que todavía está cruda en hornos automáticos y a una temperatura de 70 grados Celsius. El salame se obtiene en una máquina única en el país, que durante un mes extrae toda la humedad del producto, consiguiendo un fino comestible cárnico. Máquinas empacadoras automáticas envasan al vacío todos los artículos logrados al final del proceso, previendo al máximo la contaminación.
Una cámara de refrigeración mantiene frescos los embutidos recién elaborados, a 4 grados Celsius, lo que ralentiza su descomposición, hasta que llegue el momento de distribuirlos por todo el Ecuador, mediante la red de tiendas La Europa y de comercios asociados a la marca. Jamones, mortadelas, salchichas, paté, cuentan con el respectivo sello de calidad, con el precio marcado y la fecha de expiración. El laboratorio de control bacteriológico supervisa la calidad de todos los productos a vender y si cumplen la Norma INEN. De no ser así se cancela su distribución y venta, e inclusive, si se detecta algún problema, toda la producción de detenida y fiscalizada hasta hallar el posible foco de contaminación.
50.000 cajas de frutas y hortalizas en conserva cada año son elaboradas por esta sección de La Europea, que es especialista en el envasado de frutas por temporada. 60 tipos de frutas y hortalizas son procesados y las venden otras empresas del sector. Frutas especiales como la piña se exportan a Chile y Argentina, al Cono Sur y han tenido una gran aceptación en los mercados exigentes de esos países. Derivados del tomate, como la salsa y la pasta, han requerido la instalación de una planta con capacidad para elaborar 10.000 cajas por año. Otra sección son los enlatados como el fréjol, la piña, el tomate de árbol, maracuyá, naranjilla, babaco, fresa, durazno, entre otros.
Una faceta poco difundida de La Europea es el apoyo de actividades científicas de impacto mundial. En este sentido, el respaldo más mediático y espectacular lo dio a la expedición del aventurero español Vital Alsar, que cruzó varias veces el Océano Pacífico, desde Guayaquil hasta Oceanía, en embarcaciones hechas con tecnología ancestral y prehispánica, en su intento por demostrar que los nativos americanos eran grandes navegantes. Los equipos humanos que acompañaron a Vital Alsar se alimentaron con productos “La Europea”, “el líder de estas expediciones nos solicitó provisiones para atravesar el Pacífico. Con gusto les proporcionamos todas las conservas envasadas necesarias para que se alimenten durante la larga travesía oceánica. No tuvieron problemas y luego de cumplir la hazaña, la expedición nos agradeció públicamente”.
Vital Alsar Ramírez fue un intrépido navegante y aventurero español, nacido en Santander en 1933 y fallecido en Acapulco, México, en 2020. Inspirado por la travesía del Kon-Tiki de Thor Heyerdahl, Alsar emprendió su primera gran aventura en 1966: intentó cruzar el Pacífico desde Guayaquil hasta Australia en una balsa La Pacífica. Esa primera expedición fracasó tras 143 días por el ataque de gusanos marinos a la madera de balsa. En 1970, desde Guayaquil nuevamente, logró completar la travesía con una nueva embarcación, La Balsa, recorriendo más de 8.500 millas náuticas en 161 días. Tres años después, en 1973, lideró una tercera expedición, Las Balsas, que salió también de Guayaquil, compuesta de tres embarcaciones y una tripulación internacional, reafirmando que los pueblos antiguos de América pudieron haber navegado el Pacífico mucho antes de lo que se creía.
Otro aspecto de la responsabilidad social empresarial de La Europea es el apoyo a la cultura. Para 1989, apoya las fiestas de Cuenca, del próximo 3 de Noviembre. Auspicia a la Federación de Barrios para la presentación de la orquesta que amenizará los bailes populares en diferentes lugares de la ciudad. Es una colaboración sin condiciones ni retribuciones, sino por el puro gusto de hacerlo. Respecto a esta ayuda, Kurt Heimbach puntualiza que “es una manera humilde, sencilla, de devolverle a esta ciudad todo el apoyo que la ha dado a mi empresa y a mi familia durante 50 años”.
El Mercurio, Mundo Empresarial, domingo 22 de octubre de 1989, 9A.
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